Según algunas teorías provenientes de la etnografía institucional, que utilizamos para analizar el Musicar en nuestro Observatorio, es cuando las personas no calzan o se adaptan a la norma del orden social, o las circunstancias cotidianas parecen no salir bien, que emergen las reglas que organizan o coordinan el concierto de la vida social de las personas, casi siempre sin que estas caigan en cuenta de ello. A partir de la dislocación resultante, podemos analizar cómo funcionan los conceptos, nociones, valores, y prácticas sociales “naturales” o “normales” que guían la educación musical institucional.

Isaít Cortés González, joven clarinetista, contrabajista, biólogo, y educador musical, oriundo de Miramar, en la provincia porteña de Puntarenas en Costa Rica, comparte su vídeo autoetnográfico del Musicar, y nos explica más acerca de las dislocaciones particulares de su Musicar:

En el momento que me dijeron que tenía que hacer un video sobre el el Musicar en mi vida, me emocioné demasiado, pero de igual forma me dio algo de temor, porque muchas veces no encuentro las palabras adecuadas para poder expresarme. Siempre he sido una persona más de acción, sentimientos, y no tanto de palabras. Esta tarea se convirtió una aventura porque no nos dieron lineamientos cuadrados que nos limitaran; simplemente éramos nosotros, con la cámara del teléfono celular, teniendo historias que contar, usando nuestra imaginación.

En fin… En este video trato de exponer las diferentes etapas de mi vida de manera, en las cuales—consciente o inconscientemente— siempre ha estado la música: desde las caricaturas de Tom & Jerry, Looney Tunes, Hannah-Barbera, hasta mi mamá cantando por la casa,  mi papá con la guitarra, y el amor de mi abuela (que ya no está).

No recuerdo la edad exacta en la  que empecé a incursionar la música de forma “académica”. Para cuando me di cuenta, tenía en mis manos una versión polvorienta del viejo libro Solfeo de los solfeos y un clarinete, y me hallé en las filas de la bandita de vientos de mi escuela primaria. Con el paso del tiempo, apareció el contrabajo, en desacuerdo con el clarinete, básicamente por imposición social, ya que la institucionalidad educativa en Costa Rica usualmente impone que uno debería dedicarse exclusivamente a un instrumento.

El hecho de provenir de una zona lejana de la capital, y lo que me dijeron algunos que eran bases musicales “escasas”, me hicieron optar por el ingreso a una carrera universitaria ajena a la música (Biología). Pude, sin embargo, mantenerme cerca del área metropolitana y conseguir clases de música, mientras hacía pruebas de ingreso a una carrera musical. Era usual escuchar de profesores: “Usted está viejo” o “Usted no sirve”,  “Dedíquese mejor a la biología”, y muchas más expresiones desmotivadoras de personas que supuestamente son guías y motivadores de los y las aprendientes.

Pero cuando las ganas de seguir adelante son mayores que los obstáculos, cualquier cosa se puede lograr. La música no solamente me ha traído adónde estoy, me ha dado personas increíbles, me ha hecho creer en mí, en los demás, y sobre todo, descubrir que hay un sin fin de colores y luz en cada uno de nosotros.

¡Siempre hagan lo que amen y amen lo que hagan, porque cuando se quiere se puede y cuando no, sobran las excusas!

¿Puede usted identificar dislocaciones en su Musicar, que han trazado su itinerario musical?

La investigación principal donde se explora la dislocación en el Musicar en aprendientes y docentes musicales en Costa Rica (por ahora, disponible solo en idioma inglés), está disponible en este link. Puede consultar un resumen de esta investigación, en idioma español, haciendo click aquí.

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