Como parte de los retos emprendidos en Proyecto Musicar, varios estudiantes de Composición, Dirección y Enseñanza de la Música, provenientes de Costa Rica, Nicaragua, y Guatemala, asumieron el reto de colaborar con un equipo de trabajo formado por estudiantes y docentes del área de Comunicación Colectiva en la Universidad de Costa Rica, dentro de la agencia estudiantil La Estación. El objetivo era componer la música para un proyecto audiovisual. Desde la perspectiva del Musicar, no se trataba de ir a prestar un servicio (composición musical) y ya. Más bien se trataba de un ejercicio de socialización y concienciación del otro(a) y valorización de otros bagajes con respecto a la música. Era necesario escuchar cuáles relaciones afirmaban, celebraban y exploraban estas personas de Comunicación Colectiva en relación con la música, antes que cualquier cosa. No se era cuestión de ir e imponer las nociones de la música de arte occidental (música clásica) que aprendemos en la educación formal, sino de ampliar esas concepciones con lo que pasa en el mundo real, fuera de las aulas y las instituciones educativas.

Gabriel Cruz Villalobos, instrumentista versátil y estudiante de Enseñanza de la Música, encontró interesantes contradicciones en este contexto particular de trabajo. Los comunicadores  advertían a los estudiantes de música cosas como: Me siento ignorante cuando vienen ustedes los de música. Sin embargo, ¡manejaban un estudio de sonido con el que los músicos profesionales soñarían trabajar! Incluso contaban con una privilegiada colección de instrumentos no occidentales, tal vez desconocidos para quienes tocan y aprenden en el contexto de un conservatorio. Gabriel fue testigo de un viejo discurso de deslegitimación de ciertas prácticas musicales, según el cual ‘‘no se es músico si no se estudia música’’.

Por su parte, Giancarlo Liano, joven guatemalteco, estudiante de Composición, cuenta: Nos dimos la oportunidad de cada quien le pusiera un adjetivo a las piezas musicales que escuchábamos, y aunque al principio los compañeros y compañeras de Comunicación se sentían intimidados(as) y hasta avergonzados(as) de darle adjetivos simples como “alegre” o “bonita” a la música, pudimos convencerles de que estos adjetivos son totalmente válidos, ya que así es como aprecian y escuchan la música. De hecho, luego de comentar varias piezas ellos “se atrevieron” a darle algunos adjetivos “más profundos” a la música.

La profesora de Comunicación Elsy Vargas Villalobos, Coordinadora de la agencia estudiantil La Estación, coincide desde su experiencia: En nuestro caso, fue un desafío trabajar con la imagen del músico como “experto” en un tema en el que somos “conocedores(as) superficiales”. A lo largo del proceso fuimos aprendiendo que nuestro conocimiento de la música es válido en cuanto sea nuestro; parte de la vivencia y de la relación que tenemos con ella marca nuestra vida y nuestra cotidianidad. También tenemos cosas buenas, también tenemos conocimientos, equipos y otros elementos complementarios para crear y para hacer algo distinto. 

Una de las premisas fundamentales con que trabajamos en el Observatorio del Musicar es: Todas las personas tienen un bagaje musical propio y válido. Cuando usted estudia o enseña música, ¿parte absolutamente de lo que las instituciones y tradición dictan, o toma tiempo para dejarse sorprender por lo que las personas a su cargo o con las que comparte ya saben de música?

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Espere la segunda entrega de “¿No se es músico si no se estudia música?” Compartiremos la música compuesta producto de este proyecto.