Una de las relaciones que la educación musical institucionalizada suele ignorar dentro del musicar que la sostiene, es el placer o disfrute que da sentido a lo que cada persona entiende por musical. Según coinciden los(as) investigadores(as) a nivel internacional, e investigaciones de Proyecto Musicar en Costa Rica, el problema es que en la educación heredamos y reproducimos la idea de conocimiento y aprendizaje que legitima la modernidad europea. La educación musical, concretamente, le debe esta conceptualización al idealismo alemán y al formalismo estético. La racionalidad es la única y legítima manera de aprender. De ahí la importancia que se le da a la denominada teoría de la música, entendida como el estudio atomístico de categorías abstractas con que se clasifica lo que mayormente varones europeos  blancos, de clase media y alta, decidieron, a partir de sus experiencias y visión de la modernidad, que era lo musical. Si la razón debe dominar al cuerpo… pues saquen ustedes sus conclusiones.

Como contrapunto –para utilizar un término de teoría musical— a este énfasis de nuestra educación musical, les presentamos la experiencia de Brenda Calderón Taleno, participante costarricense de Proyecto Musicar, en un vídeo de un minuto de duración, que puede ver haciendo click aquí. Brenda nos explica, en la siguiente narrativa,  su aprendizaje y experiencia al constatar y contar su musicar desde eso que las personas docentes no hablamos ni solemos considerar importante.

¿Qué cuál era mi Musicar? Al principio pensaba en mis horas de estudio de guitarra, piano, y demás instrumentos que aprendo a tocar en la universidad. Pero luego me di cuenta que mi Musicar es más sencillo: yo disfruto de escuchar música. Siempre ha sido así. Entonces pensé en como representarlo, y decidí hacerlo de la forma más natural posible: En mi casa, no en un escenario o escuela. Añeja, no arreglada, ni vestida de riguroso negro (como se me pide vestir para algunos exámenes de ejecución con tribunal, y en conciertos de la universidad). Pensé en mostrarme, primero estudiando, sabiendo que lo más divertido en mi día es sentarme como quiera y con el instrumento que quiera, haciendo lo que me gusta. Solo yo, conmigo misma, y no necesariamente con alguien más, disfrutando de mi Musicar. A veces la música puede ser tan personal y divertida, que no siempre va a implicar alguien que califique, juzgue, escuche o entrene.

Cada parte del vídeo que han visto tiene una intención. Técnicamente, estoy mostrando mi vida sin tapujos, sin necesidad de aparentar nada. El paisaje, y el ambiente en general, muestran muy claramente las cosas que me gusta hacer y que son parte de mí, y de mi Musicar. Cosas que a veces como músicos y cantantes profesionales, líderes de algún ensamble, o empleados(as) de alguna institución, o simplemente en la vida cotidiana, olvidamos. Por eso este vídeo es casi una invitación a desnudarse—en el buen sentido, claro está—y Musicar con y a partir de lo que una es

¿Cómo concibe y narra usted su Musicar? ¿A partir de sus experiencias sentidas desde su cuerpo, o de lo que le han enseñando las instituciones que debe ser su experiencia?

Agradecemos a La Estación la asesoría brindada a Proyecto Musicar para que nuestros(as) participantes eleboraran sus vídeos con su narrativa de Musicar.

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