Con base en las investigaciones y teorías que fundamentan el trabajo que hacemos en Proyecto Musicar, consideramos que no se puede generalizar que todas las personas aprenden de la misma manera. Incluso si comparten rasgos genéticos, edad, nacionalidad, o gustos y aficiones, cada persona tiene una historia biológica y social única. Si bien en Occidente (y Latinoamérica) hemos sido formados(as) dentro de modelos pedagógicos que se dicen inclusivos y hasta democráticos, también sabemos que estos modelos históricamente han correspondido a la necesidad del modelo capitalista industrial de homogeneizar a todas las personas. Este tipo de proyecto educativo es menos costoso y más ‘eficiente’ que atender la individualidad y diversidad. En Costa Rica, podemos hablar de una educación musical para formar la ciudadanía según el modelo republicano bajo el que se organizó esta nación al ser independiente, y de una educación musical más reciente enfocada a satisfacer intereses del mercado global (vea nuestro artículo al respecto haciendo click quí). Ambas  formas se basan en transmitir la tradición de la música de arte occidental (música clásica) sin conocer a la persona aprendiente en su totalidad y complejidad.

Diana Robles Arias, flautista y educadora costarricense, participante de Proyecto Musicar, se propuso entender las razones por las cuales un estudiante en particular parecía no aprender como ella esperaba o le habían enseñado en la universidad que aprendían las personas que estudian un instrumento musical:

Muchas veces sucede que un(a) estudiante no cumple con el rendimiento exigido en la institución, pero dice tener interés en el instrumento y que le encanta la música. O sucede también que no logra tocar un estudio o un obra porque pierde el control de sí mismo(a) durante las clases, o bien porque se desconcentra, o está siempre pendiente de la aprobación de su docente.

Estas son situaciones comunes en las lecciones de instrumento que usualmente interpretamos como una actitud desfavorable hacia la música por parte del estudiante. Es así como docente y estudiante llegan a sentir gran frustración, el uno porque su estudiante no progresa, y el otro porque no saber cómo algo que la apasiona puede llegar a ser un factor tan estresante en su vida.

A mi estudiante le sucede que después de pasar horas estudiando otra carrera que no es la música, y de hacer el esfuerzo por sacar adelante las tareas que le asignan en la clase de flauta traversa, no logra que su trabajo se vean reflejado en las clases. Cada vez que ve unas semicorcheas, se tensa, pierde el pulso y no puede controlarse para no correr. Al final, deja de tocar porque simplemente ya no puede más. Los consejos que le he dado acerca de estudiar con ayuda del metrónomo, tocar despacio, y sentir el pulso en todo momento, parecen no funcionar.

A lo largo de varios meses Diana se tomó el tiempo para conversar con su estudiante siguiendo el modelo de entrevista etnográfica de Proyecto Musicar. Le escuchó y observó, valoró su historia, contexto, y las posibilidades propias como maestra de flauta. Diana terminó realizando un ejercicio académico que consiste en la propuesta de estrategias para enseñanza-aprendizaje libre de estrés, negatividad y frustración:

Pretende ser una herramienta para docentes de instrumento musical, que les permita adquirir una visión menos fatalista sobre el desempeño de sus estudiantes, y comiencen a considerar soluciones para retos de la vida y no sólo para la clase de instrumento.

Diana sistematizó este ejercicio en una guía. Accese de manera gratuita esta guía, haciendo click aquí.

Lea ¿Cómo enseñar a tocar un instrumento musical a una persona mas joven? (Primera parte) haciendo click aquí.

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