Gerald Mora es un estudiante costarricense del enfoque Musicar, próximo a graduarse del grado de Licenciatura. Aunque es chelista de orquesta, también ha explorado ambientes fuera del modelo que forma instrumentistas para ser solistas o tocar en ensambles de música clásica. Aún recuerda con satisfacción haber participado en un programa televisivo para jóvenes cantantes (vea un breve vídeo acá). Pero al igual que decenas de jóvenes artistas que se entrenan en la ejecución de la música clásica, Gerald trabaja como docente de violonchelo en una escuela de música, atendiendo a niños, niñas y jóvenes.

Gerald reflexiona en torno a una gran pregunta, que inevitablemente inquieta a toda persona artista que incursiona en la docencia, en contextos socioculturales no siempre iguales a los que están acostumbrados: ¿Cómo debemos enseñar a tocar un instrumento musical a una persona más joven? Nos comparte el caso de uno de sus estudiantes en particular.

Hoy día, alcanzar un alto grado de desempeño técnico no es el único objetivo de quienes optan por estudiar música. Las nuevas tendencias musicales, el ritmo actual de la vida (especialmente en el ámbito urbano), incluso el avance de la tecnología, han hecho que muchas personas vean en la música no sólo un arte, sino también un pasatiempo para salir de la rutina, o un medio que les permite expresarse, sin que necesariamente se interesen por alcanzar un gran nivel técnico.

En mis años como estudiante, llegué a creer que solo existía una forma de enseñar. Y al igual que muchas otras personas instrumentistas, esta fue la manera en la que yo comencé a dar clases. Luego fui comprendiendo que lo que funcionó conmigo no necesariamente debería funcionar con todos, y mucho con menos con niños y niñas. Primero, porque todas las personas tenemos diferentes edades, experiencias y expectativas sobre aprender tocar un instrumento, y segundo, porque las personas más jóvenes usualmente requieren lecciones más dinámicas, que no se enfoquen en una sola habilidad, concepto, o destreza por aprender.

Este fue el caso cuando trabajé con mi estudiante Johnathan, de 11 años. Era un niño muy sonriente, al que se le dificultaba concentrarse por periodos prolongados durante la clase. Con frecuencia se levantaba de la silla, y de hecho era difícil que se sentara para iniciar la clase de violonchelo. Conforme le fui conociendo mejor, puede entender que no había nada “malo” en él, sino que yo tenía que encontrar cómo motivarlo y ayudarle para que aprendiera según sus capacidades e intereses. Por ejemplo, me di cuenta que le gustaban los juegos.

Entonces pensé que una destreza tan árida, como lo es aprender a tocar una escala, podía abordarse como un juego. Trataríamos de hacer “música de verdad” (la escala es al fin y al cabo un patrón preconcebido y abstracto, según discutimos en las actividades del enfoque Musicar) inventando melodías basadas en la escala, en lugar de tocarla incesantemente de arriba abajo, como lo aprendemos muchos de nosotros en el modelo conservatorio. Esto, aunque no parezca muy estructurado, resulta en una oportunidad única y entretenida para enfocarse en la exploración y la creación, que capta inmediatamente el interés de la persona. Luego de este ejercicio, podemos proceder a tocar la escala en la forma habitual, y la ejecución de la escala no volverá a ser igual…

Otra estrategia que propició que Johnathan pudiera concentrarse más fácilmente y disfrutar, fue concluir las clases escuchando y comentado un poco de música que él mismo escogía, principalmente usando Youtube. La clase dejó de ser únicamente una hora de “tocar sin parar”, enfatizando los errores, y contribuir a la presión psicológica de que “esto no me salió bien, o estoy tocando mal”.

No quiero terminar mi reflexión si comentar un elemento que resulta decisivo a la hora de la clase: la actitud de la persona docente. Todos(as), en algún momento, hemos tenido que lidiar con un(a) profesor(a) con mal genio, o que muestra desinterés a la hora de dar la clase (y esto aplica a otros ámbitos educativos que ustedes ya conocen). Tarde o temprano, tal actitud afectará a la joven persona aprendiente. Por ejemplo, las indicaciones condenatorias aparentemente funcionan como herramienta de presión, y a veces ayudan a cumplir con un programa de estudio, pero la verdad es que crean frustración, desánimo e inseguridades.

Al momento de dirigirnos a estas personas, se debe utilizar el lenguaje adecuado, mostrar una actitud positiva, incentivar al mejoramiento, y fomentar un amor por la música, siempre que sea apropiado y posible. Es mucho más respetuoso hacia la persona aprendiente tratar de comprender por qué un(a) estudiante no puede hacer algo, que simplemente censurarle por ello. Nuestro mayor reto sería, quizás, brindar no sólo conocimiento a la persona aprendiente, sino también una experiencia verdaderamente satisfactoria y agradable con la música.  

Nota: “Johnathan” es un pseudónimo.

¿Desea conocer los Principios del Musicar que guiaron la experiencia de Gerald? Haga click aquí.

Espere la siguiente entrega de “¿Como enseñar a tocar un instrumento musical a una persona más joven?”

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